Clair Patterson quería conocer la verdadera edad de la Tierra y para ello debía determinar con exactitud la cantidad de plomo presente en un meteorito que se había formado al mismo tiempo que el planeta azul. La tarea no parecía ser algo difícil, contaba con la tecnología para hacerlo y el meteorito estaba allí, entre sus manos; y sin embargo, terminó convirtiéndose en una gesta titánica que acabo develando más de un misterio.

Por más que Patterson se consagraba a medir con la máxima precisión, sus resultados siempre variaban mucho más allá de lo aceptable. Entendió que algo en el ambiente estaba contaminando la muestra o los equipos con Plomo y emprendió entonces una guerra obsesiva por limpiar todo rastro de este metal de su laboratorio. La obsesión de Patterson terminó de dar frutos años después y así descubrió en 1953 que la edad de la Tierra era de 4,500 millones de años y que, además, el Plomo estaba presente en el ambiente contaminándolo todo.

Lo primero volvió a Patterson una celebridad, el segundo descubrimiento casi acaba con su  prestigio y hasta con su vida. Patterson se interesó por el problema del Plomo y luego de hacer mediciones muy precisas por todo el mundo. Patterson concluyo que el Plomo que observaba se generaba de las emisiones producidas por la quema de gasolina de los vehículos. Así, cada vez que alguien encendía su carro para ir a trabajar,  de compras o lo que fuere, una carga de veneno invisible se lanzaba al aire y lo impregnaba todo con este elemento. Este Plomo estaba contaminando la sangre de los americanos y Patterson reclamó su eliminación o reducción de las gasolinas.

Este Plomo estaba contaminando la sangre de los americanos y Patterson reclamó su eliminación o reducción de las gasolinas

El tetraetilo del Plomo se usaba como antidetonante para las gasolinas, luego de la combustión el Plomo era liberado al aire.  Es un veneno que afecta el cerebro y el sistema nervioso central. Los niños son particularmente sensibles pues absorben hasta 5 veces más Plomo que un adulto. Se acumula en el cuerpo, en la sangre, dientes y huesos. Se afirma que la muerte por envenenamiento con Plomo fue una de las causas de la caída del imperio romano. Los romanos sin conocer sus efectos usaban el Plomo en vajillas y tuberías. Literalmente tragaban y bebían plomo.

Inmediatamente aparecieron las críticas al trabajo de Patterson, científicos renombrados cuestionaban sus resultados e indicaban que había pruebas suficientes de que el Plomo en el ambiente tenía orígenes naturales, en cambio, ninguna prueba concluyente de que se generara en los tubos de escape de los vehículos a motor. Patterson tuvo que afrontar una investigación de parte del congreso de EEUU pues las empresas denunciaron de inmediato su intento de desestabilizar la naciente industria y con ello la economía nacional. Años oscuros tuvo que afrontar Clair, pero la historia terminó rescatando su nombre.  Patterson tenía razón, en 1970 se aprobó el acta del aire limpio y con ello la prohibición de usar ethyl de Plomo en los combustibles. Los niveles de plomo en la sangre de los americanos se redujeron desde entonces en un 80%. Quedó en evidencia además que las grandes empresas petrolíferas habían pagado miles de dólares a científicos para que elaboren informes a favor de los combustibles, y en otros casos solo arrendaron su firma, pues los informes los elaboraron las mismas empresas.

Dicen que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Pienso que es mentira, nuestra capacidad de colisionar con el mismo obstáculo parece infinita, total si hay plata de por medio el golpe no se siente o incluso se hace placentero y Monsanto lo acaba de probar nuevamente. El diario francés Le Monde ha publicado recientemente una extensa investigación: Los ‘Monsanto papers’, que devela el comportamiento fraudulento de la mayor empresa de agroquímicos del mundo, que ha venido pagando sistemáticamente a científicos para que defiendan la seguridad del uso de glifosato (un herbicida que es su producto estrella) y desmientan o siembren dudas sobre aquellas voces que dicen que este producto es tóxico (léase veneno) y puede producir cáncer. Como antes, algunos ni siquiera escribieron los argumentos en favor del glifosato, sólo prestaron su firma a cambio de un puñado grueso de dólares.

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Desde hace tiempo se viene denunciando que Monsanto financia millonarios lobbies y campañas propagandísticas para asegurarse de seguir colectando millardos de dólares mientras manda a la quiebra a muchos pequeños productores y atenta contra la salud de los consumidores. Solo por eso es posible que la gente común sigua engullendo alimentos rociados con los venenos de Monsanto sin saberlo siquiera, ocurre todos los días en todas partes. Sí, es muy probable que hoy día mismo mientras desayunabas o almorzabas un poquito de restos de agroquímicos se metieran en tu torrente sanguíneo y allí se acumularan dañando lentamente tu organismo, algunos generarán algún tipo de cáncer o alguna otra enfermedad letal y si no logran matarte de golpe de todas formas reducirán tu expectativa de vida y la de tus hijos, porque, si tampoco te lo dijeron, estos venenitos pasan fácilmente al neonato y si has decidido reproducirte en la época de Monsanto es casi seguro que dentro de tu herencia ya hayan llegado algunas moléculas venenosas de cortesía a tu prole.

Y si tampoco te lo contaron, Monsanto es la gigante que promueve el uso masivo de organismos genéticamente modificados, los famosos transgénicos. Esos que el 90% de la gente común no entiende qué son ni les importa saberlo. En el Perú, gracias al empeño de los cocineros se logró una moratoria para que estos productos no entren al país hasta al 2021 a riesgo de que destruyan la biodiversidad nacional. Pero la maquinaria del gigante no duerme, hay muchas voces influyentes promoviendo esta maravilla de la tecnología genética y, si ya lo entendiste, el argumento es el mismo: no hay estudios concluyentes que prueben hasta ahora que estos organismos modificados son peligrosos. ¡Ay Clair, si nos vieras!

Paradojas de la vida en el mundo de ‘Non santos’ y cojudos (estos últimos somos nosotros).

Algunos generarán algún tipo de cáncer o alguna otra enfermedad letal y si no logran matarte de golpe de todas formas reducirán tu expectativa de vida y la de tus hijos